Deberíamos estar bien preparados

La manera en que los chorlitos gritan adiós.
La manera en que el zorro muerto sigue mirando hacia abajo en la colina con un ojo abierto.
La manera en que caen las hojas, y luego la larga espera.
La manera en que alguien dice: no nos veremos más.
La manera en que el moho mancha el pastel,
la manera en que la acidez se apodera de la crema.
La manera en que corre el agua del río para no volver.
La manera en que los días se van para no volver.
La manera en que alguien regresa, mas solo en un sueño.

Mary Oliver, en «Devociones», Poesía reunida.

Esa burlona voz

… Vivir se vive

lejos de la aldea: se aprovecha y se goza

y luego, al volver, como yo, cuarentón,

se encuentra todo nuevo

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La ciudad me ha enseñado infinitos temores:

un gentío, una calle me han hecho temblar,

un pensamiento, a veces, espiado sobre un rostro.

Siento aún en los ojos esa burlona voz

de miles de faroles sobre el ir y venir de los pasos.

(Del poema “Los mares del sur”, en “Trabajar cansa”, de Cesare Pavese).


Buscaba otro libro cuando apareció, como suele suceder. En otro poema, el desarraigo. Dos amigos beben en una taberna: Mi amigo tiene sueños/(son un poco monótonos los sueños ante el crujir del mar)/donde el agua no es más que el espejo, entre una y otra isla,/de colinas, manchadas por torrentes y flores salvajes.

Su vino es así. Se contempla, en el vaso,/levantando colinas verdes sobre el llano del mar.

Esa figura de contemplar en el vaso los sueños, el dejar tu tierra, tras un porvenir incierto.

Comparto el poema completo:

Gente desarraigada

Mucho mar. Hemos visto ya bastante mar,
De tarde, cuando el agua se extiende sin colores
y difusa en la nada, el amigo la mira,
y yo miro al amigo y no habla ninguno.

De noche terminamos encerrados los dos en una taberna,
Aislados en el humo, bebiendo. Mi amigo tiene sueños
(son un poco monótonos los sueños ante el crujir del mar)
donde el agua no es más que el espejo, entre una y otra isla,
de colinas, manchadas por torrentes y flores salvajes.
Su vino es así. Se contempla, en el vaso,
levantando colinas verdes sobre el llano del mar.
Las colinas me gustan; y que hable del mar
porque es un agua clara, que muestra hasta las piedras.


Veo sólo colinas y me llenan el cielo y la tierra
con las líneas seguras de sus flancos, distantes o cercanas.
Pero claro, las mías son ásperas, y estriadas de viñas
que fatigan el suelo reseco. Las acepta el amigo
y las quiere vestir de frutos y de flores salvajes
para encontrarles riendo muchachas más desnudas que los frutos.
No hace falta: a mis sueños más ásperos les sobra una sonrisa.
Si mañana temprano emprendemos camino
hacia esas colinas, podremos hallar en las viñas
una oscura muchacha, quemada por el sol,
y, empezando a charlar, comerle un poco de uva.

Resumiendo

6. RESUMEN

Resumiendo
digamos que oscilamos
entre dicha y desdicha
casi como decir
entre el cielo y la tierra
aunque el cielo de ahora y el de siempre
se ausente sin aviso

las ideas se van volviendo sólidas
sensaciones primarias
palabras todavía en borrador
corazones que laten como máquinas
¿serán nuestros o de otros?
este llanto de invierno no es lo mismo
que el sudor del verano

el dolor es un precio / no sabemos
el costo inalcanzable de la sabiduría

pensamos y pensamos duramente
y una pasión extraña nos invade
cada vez más tenaz
pero más triste

resumiendo
no somos los que somos
ni menos los que fuimos
tenemos un desorden en el alma
pero vale la pena sostenerla
con las manos / los ojos / la memoria

tratemos por lo menos de engañarnos
como si el buen amor
fuera la vida

De Mario Benedetti, en Biografía para encontrarme, edición digital.

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Con letra propia
Con letra propia

Cuaderno de notas, textos, reseñas; de Horacio Beascochea.

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Acerca de la alegría (textos)

Varios textos que hablan de la alegría, como una trinchera para los tiempos en que te quieren desanimado.

No dudes

Si de repente y sin esperarlo sientes alegría, no dudes. Entrégate a ello. Hay muchas vidas y ciudades enteras destruidas o a punto de serlo. No somos sabios y no muy a menudo amables. Y demasiado no podrá ser nunca redimido. Aun así, la vida aún tiene alguna posibilidad. Quizás esta sea la manera de combatirlo, que a veces algo ocurre mejor que todas las riquezas o el poder del mundo. Podría ser cualquier cosa, pero muy probablemente lo percibes en el momento en que el amor empieza. Sea como sea, ese es a menudo el caso. De todos modos, sea lo que fuere, no temas su abundancia. La alegría no está hecha para ser una migaja.

De Mary Oliver, en “Cisne” (2010)


Uno más conocido:

Defensa de la Alegría

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría

De Mario Benedetti, en “Botella al mar”


Otro de Mary Oliver

Temblamos de alegría

Temblamos de alegría, temblamos de pena
Qué temporadas pasan, esas dos
acogidas como están en el mismo cuerpo.

De “Evidencia”, 2009.

Los seres alrededor de una hoguera quieren tener esperanza

«Sabe la llanura que un manojo de signos no es más que el desierto regresando del fuego», escribe el poeta.

La poesía y la necesidad de esperar una forma de belleza, ante la aridez de lo cotidiano, poblado de mercaderes, hipocresía y egoísmo.

La poesía para nombrar el lado bueno de las cosas. Que las tienen, aunque sean difíciles de descubrir.

Una imagen del agua

Sumergido entre flores
del Japón
en un estanque
oscuramente verde
-aguas quietas, encantadas
Por la ausencia de fragmentos y ruidos-
sé
por alguna razón
que huir
también es
una forma
del oxígeno.

El cuerpo
absorbe
como una cápsula
voces, rumores realmente ajenos

y los despide
transformados
por el agua del estanque
que hace su trabajo lentísimo.

Trato
de concentrarme en el pasto
que veré mañana
el rocío fresco
del alba

trato de esperar
una forma de belleza
y nombrar con serenidad
el lado bueno
de las cosas,
aquello que podemos oír
o tocar
-el grillo de la noche, los tallos silvestres-
apenas
con un suavísimo roce, el movimiento crucial.

Cierta hora

Sobre la larga llanura verde
sobre su extensísima superficie
frutos maduros están por caer
de las plantas y los espinos.

Nace una luz rosada
detrás del horizonte
que todo lo cubre,
incluso
los restos olvidados del corazón,
sus restos desperdigados
su parte más oscura. En medio de los sedimentos
y el vendaval, que han hecho una labor minuciosa,
la luz lo cubre
todo
después de los meses
de crudo invierno:

deshace la visión del día,
el espejismo de la razón.

Historia de la eternidad

Sabe la llanura que un manojo de signos no es más que el desierto regresando del fuego. Por alguna razón misteriosa, los seres alrededor de una hoguera quieren tener esperanza; la muerte era demasiado vasta y, por eso, como por arte de magia, sin trabajos ni muchos esfuerzos, sin fatigas ni hundimientos en la sombra, tenían todos los Seres allí reunidos -junto a las llamas que iluminaban la noche- una imagen que se parecía, casi de modo literal, a la primera visión de un dios.

Pasiones

Serena la lluvia que cae en esta mañana de la llanura. Los orígenes del fuego nunca se descifrarán, no obstante, con dulzura, con calma adquirida en las tormentas y los vendavales, una mujer sonríe, acaricia con dedos finos el cabello, la piel de un hombre que descansa, aligerado, en la tierra, cerca de una fuerza, no muy lejos del mar.

Los poemas son de La lengua de la llanura, editado en 2021 por Caleta Olivia.

Carlos Battilana nació en Paso de los Libres, Corrientes, en 1964. Entre otros libros, editó El fin del verano, El lado ciego, Presente continuo, La hiedra de la constancia, Velocidad crucero y Una mañana boreal. Su poesía reunida está en Ramitas, editado por Caleta Olivia.

Es docente universitario y coordina talleres literarios.

Satisfacciones

La primera mirada por la ventana al despertarse

el viejo libro vuelto a encontrar

rostros entusiasmados

nieve, el cambio de las estaciones

el periódico

el perro

la dialéctica

ducharse, nadar

música antigua

zapatos cómodos

comprender

música nueva

escribir, plantar

viajar

cantar

ser amable

Poemas y canciones, de Bertolt Bretch

Bajo el título de “Poemas y canciones”, esta antología digital recoge —en versión de Vicente Romano y Jesús López Pacheco— las mejores piezas de la actividad poética de Bertolt Brecht (1898-1956) incluidas en su producción teatral y narrativa, o publicadas como tales en libros o revistas.

La selección respeta los criterios cronológicos, de manera que el lector puede seguir la evolución del autor desde su etapa anárquica hasta las obras de madurez del exilio y la postguerra.

Sobre los deseos

Desear para sentirse vivo.

Últimamente, las lecturas van por los deseos. Pulsiones de vida, resistencias posibles —pienso en otra palabra menos bastardeada que todavía no se arrima— contra las pulsiones de muerte que impulsan una desintegración social.

Estrategias y pequeños deseos. Contra lo ordinario.

Contra lo ordinario

Nadie ha podido demostrar hasta ahora
de manera fehaciente
que los pequeños deseos
son más fáciles de conseguir que los grandes.
Solo se ha podido demostrar
de manera fehaciente
que son más numerosos.

El poema es de Cristina Peri Rossi, en «Estrategias del deseo», edición digital.

Libros alados

¿Qué será esto visto desde el futuro cuando mi tiempo no sea más mío y aunque hoy mismo no lo sea?(*). La poesía de un par en esto de escribir.

Ismael canta Somos.

Y en estos días el que escribe, consciente del privilegio

de nacer en esta orilla, cree que aún este será el tiempo

del ángel temeroso que suspira, átomo que gira en solitario,

alienígena nacido en esta tierra, del sueño sublime, en fin,

del hombre y la mujer que buscan otro mundo posible.
Continuar leyendo «Libros alados»

Canta las cosas que penetran al corazón

CANTO

Tú no cantes
no cantes a las flores de cerezo
ni a las alas de las libélulas
no cantes al murmullo del aire
ni al aroma del cabello de las mujeres.

Niégate
todas las cosas débiles
todas las cosas frágiles
todas las cosas melancólicas.

Rechaza
todas las cosas sentimentales
y canta con franqueza
lo que piensas
lo que llena nuestro estómago.

Canta las cosas que penetran al corazón
canta un canto que aúlle cuando lo destrocen
un canto que brote desde el fondo del agravio.

Estos cantos
cántalos valerosamente con una melodía severa.

Estos cantos
clávalos con martillo en el corazón de la gente.

SHIGUEHARU NAKANO (FUKUI, JAPÓN, 1902-1979)

De origen campesino. Ingresó en 1924 en la facultad de letras alemanas de la Universidad de Tokio. En 1926 publicó la revista Roba (El asno), en colaboración con otros jóvenes poetas. Organizó un grupo literario marxista con estudiantes universitarios, llamado Sociedad de Estudios sobre el Arte Marxista, el que se unió más tarde a la Federación de Arte Literario Proletario del Japón, cuya revista fue Bunguei Sensen (Frente de Arte Literario). Nakano tuvo participación decisiva en la elaboración de la teoría de lo que en el Japón se conoce como literatura proletaria, movimiento surgido en 1921, y destrozado en 1932 por el gobierno ultranacionalista japonés. En su obra concilia el lirismo y lo ideológico. Se considera la máxima representación de la poesía marxista del Japón. Sufrió cárcel y censura.

(Extraído de Antología de la poesía moderna del Japón, 1868-1945.)
AA. VV., 2010. Traducción y selección: Atsuko Tanabe.

Imagen: Pixabay.

El monte y el río

En mi patria hay un monte.
En mi patria hay un río.

Ven conmigo.

La noche al monte sube.
El hambre baja al río.

Ven conmigo.

Quiénes son los que sufren?
No sé, pero son míos.

Ven conmigo.

No sé, pero me llaman
y me dicen: «Sufrimos».

Ven conmigo.

Y me dicen: «Tu pueblo,
tu pueblo desdichado,
entre el monte y el río,
con hambre y con dolores,
no quiere luchar solo,
te está esperando, amigo».

Oh tú, la que yo amo,
pequeña, grano rojo
de trigo,
será dura la lucha,
la vida será dura,
pero vendrás conmigo.

Del libro Los versos del capitán, de Pablo Neruda.