La manera en que los chorlitos gritan adiós. La manera en que el zorro muerto sigue mirando hacia abajo en la colina con un ojo abierto. La manera en que caen las hojas, y luego la larga espera. La manera en que alguien dice: no nos veremos más. La manera en que el moho mancha el pastel, la manera en que la acidez se apodera de la crema. La manera en que corre el agua del río para no volver. La manera en que los días se van para no volver. La manera en que alguien regresa, mas solo en un sueño.
de miles de faroles sobre el ir y venir de los pasos.
(Del poema “Los mares del sur”, en “Trabajar cansa”, de Cesare Pavese).
Buscaba otro libro cuando apareció, como suele suceder. En otro poema, el desarraigo. Dos amigos beben en una taberna: Mi amigo tiene sueños/(son un poco monótonos los sueños ante el crujir del mar)/donde el agua no es más que el espejo, entre una y otra isla,/de colinas, manchadas por torrentes y flores salvajes.
Su vino es así. Se contempla, en el vaso,/levantando colinas verdes sobre el llano del mar.
Esa figura de contemplar en el vaso los sueños, el dejar tu tierra, tras un porvenir incierto.
Comparto el poema completo:
Gente desarraigada
Mucho mar. Hemos visto ya bastante mar, De tarde, cuando el agua se extiende sin colores y difusa en la nada, el amigo la mira, y yo miro al amigo y no habla ninguno.
De noche terminamos encerrados los dos en una taberna, Aislados en el humo, bebiendo. Mi amigo tiene sueños (son un poco monótonos los sueños ante el crujir del mar) donde el agua no es más que el espejo, entre una y otra isla, de colinas, manchadas por torrentes y flores salvajes. Su vino es así. Se contempla, en el vaso, levantando colinas verdes sobre el llano del mar. Las colinas me gustan; y que hable del mar porque es un agua clara, que muestra hasta las piedras.
Veo sólo colinas y me llenan el cielo y la tierra con las líneas seguras de sus flancos, distantes o cercanas. Pero claro, las mías son ásperas, y estriadas de viñas que fatigan el suelo reseco. Las acepta el amigo y las quiere vestir de frutos y de flores salvajes para encontrarles riendo muchachas más desnudas que los frutos. No hace falta: a mis sueños más ásperos les sobra una sonrisa. Si mañana temprano emprendemos camino hacia esas colinas, podremos hallar en las viñas una oscura muchacha, quemada por el sol, y, empezando a charlar, comerle un poco de uva.
Resumiendo digamos que oscilamos entre dicha y desdicha casi como decir entre el cielo y la tierra aunque el cielo de ahora y el de siempre se ausente sin aviso
las ideas se van volviendo sólidas sensaciones primarias palabras todavía en borrador corazones que laten como máquinas ¿serán nuestros o de otros? este llanto de invierno no es lo mismo que el sudor del verano
el dolor es un precio / no sabemos el costo inalcanzable de la sabiduría
pensamos y pensamos duramente y una pasión extraña nos invade cada vez más tenaz pero más triste
resumiendo no somos los que somos ni menos los que fuimos tenemos un desorden en el alma pero vale la pena sostenerla con las manos / los ojos / la memoria
tratemos por lo menos de engañarnos como si el buen amor fuera la vida
De Mario Benedetti, en Biografía para encontrarme, edición digital.
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Cuaderno de notas, textos, reseñas; de Horacio Beascochea.
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Varios textos que hablan de la alegría, como una trinchera para los tiempos en que te quieren desanimado.
No dudes
Si de repente y sin esperarlo sientes alegría, no dudes. Entrégate a ello. Hay muchas vidas y ciudades enteras destruidas o a punto de serlo. No somos sabios y no muy a menudo amables. Y demasiado no podrá ser nunca redimido. Aun así, la vida aún tiene alguna posibilidad. Quizás esta sea la manera de combatirlo, que a veces algo ocurre mejor que todas las riquezas o el poder del mundo. Podría ser cualquier cosa, pero muy probablemente lo percibes en el momento en que el amor empieza. Sea como sea, ese es a menudo el caso. De todos modos, sea lo que fuere, no temas su abundancia. La alegría no está hecha para ser una migaja.
De Mary Oliver, en “Cisne” (2010)
Uno más conocido:
Defensa de la Alegría
Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la miseria y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas
defender la alegría como un principio defenderla del pasmo y las pesadillas de los neutrales y de los neutrones de las dulces infamias y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino defenderla del fuego y de los bomberos de los suicidas y los homicidas de las vacaciones y del agobio de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza defenderla del óxido y la roña de la famosa pátina del tiempo del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas del azar y también de la alegría
De Mario Benedetti, en “Botella al mar”
Otro de Mary Oliver
Temblamos de alegría
Temblamos de alegría, temblamos de pena Qué temporadas pasan, esas dos acogidas como están en el mismo cuerpo.
«Sabe la llanura que un manojo de signos no es más que el desierto regresando del fuego», escribe el poeta.
La poesía y la necesidad de esperar una forma de belleza, ante la aridez de lo cotidiano, poblado de mercaderes, hipocresía y egoísmo.
La poesía para nombrar el lado bueno de las cosas. Que las tienen, aunque sean difíciles de descubrir.
Una imagen del agua
Sumergido entre flores del Japón en un estanque oscuramente verde -aguas quietas, encantadas Por la ausencia de fragmentos y ruidos- sé por alguna razón que huir también es una forma del oxígeno.
El cuerpo absorbe como una cápsula voces, rumores realmente ajenos
y los despide transformados por el agua del estanque que hace su trabajo lentísimo.
Trato de concentrarme en el pasto que veré mañana el rocío fresco del alba
trato de esperar una forma de belleza y nombrar con serenidad el lado bueno de las cosas, aquello que podemos oír o tocar -el grillo de la noche, los tallos silvestres- apenas con un suavísimo roce, el movimiento crucial.
Cierta hora
Sobre la larga llanura verde sobre su extensísima superficie frutos maduros están por caer de las plantas y los espinos.
Nace una luz rosada detrás del horizonte que todo lo cubre, incluso los restos olvidados del corazón, sus restos desperdigados su parte más oscura. En medio de los sedimentos y el vendaval, que han hecho una labor minuciosa, la luz lo cubre todo después de los meses de crudo invierno:
deshace la visión del día, el espejismo de la razón.
Historia de la eternidad
Sabe la llanura que un manojo de signos no es más que el desierto regresando del fuego. Por alguna razón misteriosa, los seres alrededor de una hoguera quieren tener esperanza; la muerte era demasiado vasta y, por eso, como por arte de magia, sin trabajos ni muchos esfuerzos, sin fatigas ni hundimientos en la sombra, tenían todos los Seres allí reunidos -junto a las llamas que iluminaban la noche- una imagen que se parecía, casi de modo literal, a la primera visión de un dios.
Pasiones
Serena la lluvia que cae en esta mañana de la llanura. Los orígenes del fuego nunca se descifrarán, no obstante, con dulzura, con calma adquirida en las tormentas y los vendavales, una mujer sonríe, acaricia con dedos finos el cabello, la piel de un hombre que descansa, aligerado, en la tierra, cerca de una fuerza, no muy lejos del mar.
Los poemas son de La lengua de la llanura, editado en 2021 por Caleta Olivia.
Carlos Battilana nació en Paso de los Libres, Corrientes, en 1964. Entre otros libros, editó El fin del verano, El lado ciego, Presente continuo, La hiedra de la constancia, Velocidad crucero y Una mañana boreal. Su poesía reunida está en Ramitas, editado por Caleta Olivia.
Es docente universitario y coordina talleres literarios.
Bajo el título de “Poemas y canciones”, esta antología digital recoge —en versión de Vicente Romano y Jesús López Pacheco— las mejores piezas de la actividad poética de Bertolt Brecht (1898-1956) incluidas en su producción teatral y narrativa, o publicadas como tales en libros o revistas.
La selección respeta los criterios cronológicos, de manera que el lector puede seguir la evolución del autor desde su etapa anárquica hasta las obras de madurez del exilio y la postguerra.
Últimamente, las lecturas van por los deseos. Pulsiones de vida, resistencias posibles —pienso en otra palabra menos bastardeada que todavía no se arrima— contra las pulsiones de muerte que impulsan una desintegración social.
Estrategias y pequeños deseos. Contra lo ordinario.
Contra lo ordinario
Nadie ha podido demostrar hasta ahora de manera fehaciente que los pequeños deseos son más fáciles de conseguir que los grandes. Solo se ha podido demostrar de manera fehaciente que son más numerosos.
El poema es de Cristina Peri Rossi, en «Estrategias del deseo», edición digital.
CANTO
Tú no cantes
no cantes a las flores de cerezo
ni a las alas de las libélulas
no cantes al murmullo del aire
ni al aroma del cabello de las mujeres.
Niégate
todas las cosas débiles
todas las cosas frágiles
todas las cosas melancólicas.
Rechaza
todas las cosas sentimentales
y canta con franqueza
lo que piensas
lo que llena nuestro estómago.
Canta las cosas que penetran al corazón
canta un canto que aúlle cuando lo destrocen
un canto que brote desde el fondo del agravio.
Estos cantos
cántalos valerosamente con una melodía severa.
Estos cantos
clávalos con martillo en el corazón de la gente.
SHIGUEHARU NAKANO (FUKUI, JAPÓN, 1902-1979)
De origen campesino. Ingresó en 1924 en la facultad de letras alemanas de la Universidad de Tokio. En 1926 publicó la revista Roba (El asno), en colaboración con otros jóvenes poetas. Organizó un grupo literario marxista con estudiantes universitarios, llamado Sociedad de Estudios sobre el Arte Marxista, el que se unió más tarde a la Federación de Arte Literario Proletario del Japón, cuya revista fue Bunguei Sensen (Frente de Arte Literario). Nakano tuvo participación decisiva en la elaboración de la teoría de lo que en el Japón se conoce como literatura proletaria, movimiento surgido en 1921, y destrozado en 1932 por el gobierno ultranacionalista japonés. En su obra concilia el lirismo y lo ideológico. Se considera la máxima representación de la poesía marxista del Japón. Sufrió cárcel y censura.
(Extraído de Antología de la poesía moderna del Japón, 1868-1945.) AA. VV., 2010. Traducción y selección: Atsuko Tanabe.
En mi patria hay un monte.
En mi patria hay un río.
Ven conmigo.
La noche al monte sube.
El hambre baja al río.
Ven conmigo.
Quiénes son los que sufren?
No sé, pero son míos.
Ven conmigo.
No sé, pero me llaman
y me dicen: «Sufrimos».
Ven conmigo.
Y me dicen: «Tu pueblo,
tu pueblo desdichado,
entre el monte y el río,
con hambre y con dolores,
no quiere luchar solo,
te está esperando, amigo».
Oh tú, la que yo amo,
pequeña, grano rojo
de trigo,
será dura la lucha,
la vida será dura,
pero vendrás conmigo.
Del libro Los versos del capitán, de Pablo Neruda.