Escribir a tientas (o Diario del desastre V)

Hay un recuerdo apalabrado por la memoria y el murmullo de una voz. No termino de divisarlo. Ni escucharlo. Pero ronda entre mis dedos, se desliza entre los poros de la piel mientras el tipo me mira cuando abro mi libreta.

Podría decirle que todavía no sé de qué se trata, pero es inevitable detener mi andar, sentarme en el banco de madera y anotar con la esperanza de develar lo que me ronda. Acosar la palabra e ir tras ella por si aparece, con la certeza que va a fallar, según Leila. No pido que el sujeto lo entienda. No hace falta.

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