Guerra de aplausos

Viento y tierra. No podía ser de otra manera. Un audio falso sobre vacunas que podían vencerse, la desmentida de Salud y la ampliación del rango etario para persona sin factores de riesgo. Así llegué al Ruca Che, estadio de partidos de básquet, recitales y mitines políticos.

La cola en el playón exterior desalienta a más de uno. Carteles señalando el camino a calle Concordia y filas y filas de personas hasta llegar al ingreso. «Documento en mano, domicilio en Neuquén y certificados si son personas de riesgo», dice una de las organizadoras.

Delante de mí, alguien hace chistes sobre la vacuna, que la china y el arroz con palitos. O que la rusa. «Sabés cómo se dice suegra en ruso? Estorbo», impostando la voz para ocultar su inquietud. Se lo ve nervioso, o entusiasmado, no sé. Pero vivaz, como la mirada de la señora. Le sonrío detrás del barbijo y estoy seguro que me devuelve la sonrisa. «Cuando dijeron que era a demanda, me vine», confiesa otro hombre, alto y canoso, de mi edad.

Ya en el interior del Estadio, alguien que nos ordena en sillas. Todo es con celeridad, eficaz, profesional, con una vibración diferente, la de estar ahí porque es necesario dar una mano. Se escuchan aplausos de los equipos de vacunación. Pasa una chica, me pide mis datos. Alguien se lleva mi DNI unos minutos después.

Y pasamos de grupos de a quince. Susana, una de las vacunadoras, presenta al equipo de vacunación: alguien que carga datos en una computadora, otra rellena los carnets. «Todos muy serios en este grupo», chancea una de las mujeres.

Susana nos cuenta que se trata de la vacuna de AstraZeneca, los efectos adversos como dolor en el lugar de aplicación, algo de fiebre en las primeras 48 horas, dolor de cabeza. O nada. También recalca que debemos seguir con los cuidados más que nunca: distanciamiento social, barbijos, lavado de manos, lo que ya conocemos.

Y nos piden elegir un lugar. Recomienda el brazo y por si hay dolores, el menos hábil. Ofrezco mi lado derecho. Antes de mí, una señora se hace una selfi con la enfermera. Mi turno, no siento nada. Me deja un algodón. «Apretá», dice y sigue con la siguiente persona.

Al lado nuestro, separados por unas mamparas, aplausos. Ha finalizado la vacunación de todo un grupo «Ya terminamos, ¿acá no aplaudimos?», desafía Susana. El golpeteo de palmas cerrado, apretado y de esperanza. Me atrevo a escribir la palabra. «Guerra de aplausos», se escucha desde el vacunatorio de al lado y otro aplauso cerrado. Pensé que íbamos a responder. Pero no.

Nos levantamos, con lentitud y diferentes, volveremos a lo cotidiano, fortalecidos, de mejor de ánimo. Y agradecemos a Susana, los colaboradores y su calidez, todo el equipo; que seríamos sin las y los trabajadores de salud.

Por un instante una insana alegría, que hace olvidar las muertes, el confinamiento, la pandemia y sus efectos. Nadie puede salir bien de esto. De eso no hay dudas.

Me permito la alegría. Y la sonrisa. Llamo a los afectos: «me vacunaron». Felicitaciones del otro lado. Recorro el camino inverso. La cola sigue con sus vericuetos y continúa arribando gente. Hace un poco más de frío, me abrocho la campera y desando el camino. La convocatoria cierra a la medianoche.

(Foto: Twitter Ministerio de Salud, Neuquén).

Publicado también en Plan B Noticias

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