Escribir una línea es más difícil que escalar el Everest, como si las palabras se resistieran a asociarse, peñascos sueltos que miran de soslayo a un alpinista y su hoja en blanco.
Llueve. Creo que mis anteojos necesitan más aumento.
O solo es la sensación difusa de los primeros minutos de la mañana.
Elegir las palabras.
Aferrarse a las que dan sentido y despreciar otras. O al menos, mantenerlas a raya.