
(Por Hernán Lasque)
Algunas reflexiones luego de ir al teatro
Puesta en escena de cuatro objetos: un atril de pintor, un banquito de madera, una silla de madera y una cinta de papel adhesiva que vemos al promediar la función. Todo sucede en un trilátero invisible e irregular conformado por el atril, el banquito y la silla. Allí, Jazmín y Marcos cobran volumen y se mueven de manera coreográfica durante toda la obra (no hallo otra forma de decirlo para evitar adelantarle algo más que mis impresiones a potenciales espectadorxs). Sobre la fina selección musical que talla la atmósfera a lo largo de la obra, solo diré que no podría haber sido mejor, ni más adecuada; si arman un CD, saldría como pan caliente a la salida.
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