… Vivir se vive
lejos de la aldea: se aprovecha y se goza
y luego, al volver, como yo, cuarentón,
se encuentra todo nuevo
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La ciudad me ha enseñado infinitos temores:
un gentío, una calle me han hecho temblar,
un pensamiento, a veces, espiado sobre un rostro.
Siento aún en los ojos esa burlona voz
de miles de faroles sobre el ir y venir de los pasos.
(Del poema “Los mares del sur”, en “Trabajar cansa”, de Cesare Pavese).
Buscaba otro libro cuando apareció, como suele suceder. En otro poema, el desarraigo. Dos amigos beben en una taberna: Mi amigo tiene sueños/(son un poco monótonos los sueños ante el crujir del mar)/donde el agua no es más que el espejo, entre una y otra isla,/de colinas, manchadas por torrentes y flores salvajes.
Su vino es así. Se contempla, en el vaso,/levantando colinas verdes sobre el llano del mar.
Esa figura de contemplar en el vaso los sueños, el dejar tu tierra, tras un porvenir incierto.
Comparto el poema completo:
Gente desarraigada
Mucho mar. Hemos visto ya bastante mar,
De tarde, cuando el agua se extiende sin colores
y difusa en la nada, el amigo la mira,
y yo miro al amigo y no habla ninguno.
De noche terminamos encerrados los dos en una taberna,
Aislados en el humo, bebiendo. Mi amigo tiene sueños
(son un poco monótonos los sueños ante el crujir del mar)
donde el agua no es más que el espejo, entre una y otra isla,
de colinas, manchadas por torrentes y flores salvajes.
Su vino es así. Se contempla, en el vaso,
levantando colinas verdes sobre el llano del mar.
Las colinas me gustan; y que hable del mar
porque es un agua clara, que muestra hasta las piedras.
Veo sólo colinas y me llenan el cielo y la tierra
con las líneas seguras de sus flancos, distantes o cercanas.
Pero claro, las mías son ásperas, y estriadas de viñas
que fatigan el suelo reseco. Las acepta el amigo
y las quiere vestir de frutos y de flores salvajes
para encontrarles riendo muchachas más desnudas que los frutos.
No hace falta: a mis sueños más ásperos les sobra una sonrisa.
Si mañana temprano emprendemos camino
hacia esas colinas, podremos hallar en las viñas
una oscura muchacha, quemada por el sol,
y, empezando a charlar, comerle un poco de uva.
