
Había escrito dos o tres líneas sobre barcos de papel en el anaquel de una biblioteca polvorienta. Varados, con una ligera inclinación en un imaginario mar de madera. Se preguntaban por qué estaban ahí lejos de las olas, añorando un espacio que no conocen.
No sé dónde quedó ese fragmento. Me lo increpo, mientras Pilar Cimadevilla (*) se pregunta si se puede pensar un espacio a la distancia. «Es la primera vez que escribo sobre la Patagonia desde la Patagonia. ¿Se puede pensar un espacio desde lejos?». Comparto la inquietud.

Una estudiante que regresa a su casa para finalizar su tesis. Según la ficha bibliográfica, es una Crónica de Viajes. Pero es una novela.
Regreso a mis barcos de papel. Observan lomos de libros. Unos demasiado viejos, otros sin abrir. El orden arbitrario de los títulos.
Algunos releídos.
La hoja amarillenta se cayó mientras buscaba los versos de Santoro.
«Somos piel y huesos, identidad y caminata, un costal remedado de posibilidades, memoria, palabras. Y nada de eso», escribiste.
El dibujo de un «Fuck You» al lado.
El sol de otoño tiñe la mañana. Tu trazo garabateado en el margen de la hoja no tiene fecha, pero puedo adivinarla. Como puedo percibir el desamparo de un caminante nocturno en una ciudad arrasada.
Afuera. Qué contarte del afuera que no sepas o no hayas visto. Uno de los peligros es que ahora es más difícil advertir el sinsentido, la naturalización de viejos apaleados o discapacitados que muestran sus carencias para cobrar una pensión miserable.
¿Uno? Se refugia en lo que puede. A veces riega el «quizás de la esperanza», que la taba se de vuelta; más por costumbre que por convicción porque el mundo está empecinado en escupirte lo contrario.
Canciones —y trovadores— que plantan bandera contra el desapego. Y es bueno acodarse ahí.
El patio es un manto desgreñado de hojas amarillentas y ramas desnudas.
Se sumó otro gato. Apareció una mañana, de maullido ronco y cara redonda. Los propios todavía no lo aceptan, hasta me recriminan con miradas de por qué no lo echo.
Esquivo, no se deja acariciar. Pero demandante. Te encantaría.
(*) Cimadevilla, Pilar, «El desierto en el polvo del desierto», Córdoba, Fruto de Dragón, 2026.