Zona de colaboraciones: fragmento de “Gil Wolf”, de Humberto Bas

 
 
Gil Wolf – Fragmento

¿Cómo fue con Gil Wolf?

¿Cómo…?

Nada puede saciar mi curiosidad; ni la explicitación detallada de cómo fue con Gil… Si algo se aproxima es intentando seguir sus huellas yemales, salivales, seminales; rasqueteando las hendiduras por donde anduvieron sus manos y su…

Me siento fuera de mí por un capricho de la voluntad y tengo un arranque de virilidad desconocido. Ni la primera vez con mi finada Adelina sentí tal furor. No puedo sino desearla y desearla, y en esa repentina embriaguez me encuentro realizando acrobacias impensadas; ponerme de rodillas y reptar hacia sus entrepiernas; lo que aún no es mi gesto más indómito, sino el clavar mi nariz entre los pliegues de su hendidura; pero antes, mirarla; mirarla de arriba abajo y de abajo hacia arriba, entornando mi cabeza según el capricho del recorrido de la comisura; ver los labios entrecerrados en la inminente apertura; gotitas ambarinas que drenan resina de un árbol herido; y en eso tengo la composición de una forma en la que nunca había reparado; y no es un hueco o agujero u hoyo, o un punto oscuro, sino un hilo suelto; una cuerdita abandonada sobre la piel corrugada; cuerdita que empieza a agitarse ante mi respiración, o simplemente vibrar por cuenta propia ante mi proximidad; y el hechizo de esa contemplación hace que me acerque más, y más…, hasta perder la perspectiva y la dimensión de todo y del todo; y desaparezco de mi autopercepción para sentir a todas las dimensiones abatiéndose fuera y dentro mío; y me encuentro ingresando nuevamente al dormitorio de mi madre; y mi padre está o no está, porque de repente es el mismo y ausente Gil Wolf; y subo yo la colina de Coubert, y desciendo agarrándome de la tupida hendidura de mi madre; y en la pérdida más plena de todas las dimensiones, tengo la revelación silenciosa de que el lugar, más que origen, es de paso.

El origen siempre está en otro lado.

Por mi cabeza las chorradas y chorreaduras del universo; los espasmos y los orgasmos, diferentes y uno a la vez.

El deseo colapsa y abre grietas y puedo ver por las ranuras todo lo que pasó, está pasando; y puedo pronosticar lo que pasará.

Foto: Ricardo Edelstein

Veo el Todo. Y son muchos, y reformulo mi expresión. Veo Los Todos. Y reparo en uno. Un TodO que se abre y se cierra con mayúscula, porque solo el trascurrir es llanura. Es el TodO donde está también la palabra TodO, y también tODo, y toDas sus declinaciones; veo el estado que es TODO los EstadoS, y no encuentro ningún punto como simiente inicial del TodO, sino a las mismas banditas o cuerdas que vibran u oscilan alrededor de la forma irredenta que tiene la curva de la abertura de Coubert; y veo que la cuerda vibra en todas las frecuencias conocidas y por conocer; hasta que una vibración impropia surge de su propia NadA, y la bandita se adhiere a una nueva frecuencia, pero la perturbación vuelve contra sí misma y se suelta.

La bandita ya no es solo ella, o ella misma es la otra; algo así de confusa la escena. Son dos, y cada una a su modo sigue vibrando y oscilando, con lo propio o impropio de sus frecuencias; y estallan y se forman más bandas y banditas; cuerdas, sogas, piolines que entran y salen en resonancia con ellas mismas y con las demás. Veo cómo empiezan a proliferar las cuerditas en una ampolla insuflada de sí misma; un aneurisma que estalla desde la mismidad del TodO, conformando en lo desconocido manifiesto e inexistente, lo conocido y existente. Nacen los mundos ya desaparecidos; y de ellos, los otros mundos, y entre ellos el nuestro; y en el nuestro veo la sopa primigenia y a Oparin inclinado sobre ella con un gran cucharon para probarla. De su boca, de la de Oparin, salen globitos, burbujas; y dentro de las burbujas borbotea la palabra coacervado; y las banditas forman chispas, relámpagos; rayos y vapor sulfuroso que se agitan sobre los helechos, las araucarias y la mar embravecida.

Salto montañas y piso un mar tieso y puedo verme caminando sobre ella; y puedo elegir arrojarme y es lo mismo; y rodar sobre su cubierta de hule y también lo mismo; y en la vera del río que desemboca en ese mar, veo a una joven llorar el desconsuelo de haberse acostado con su prometido; y en su vientre ya late la certeza de que su aventura de virutas está pregnada en un ¿coacervado?

La joven invoca a los dioses para que le den la gracia de una idea que justificara lo injustificable. Sobre su cabeza las banditas forman el globo luminoso de la ocurrencia; y con la alegría refulgiendo en su rostro echose a andar hacia su casa, en el momento preciso en que la llaman…

¡María, Bandita tu eres…!

Y veo a Mahoma escribir con la misma febrilidad posesa que me acosa; y me siento hermanado y permutable: Coubert y Yo; Papá y Yo; Mahoma y Yo. De sus manos, de las de Mahoma, surgen sentencias, amonestaciones y enseñanzas, mientras sigo en la pestaña hendida donde alguna vez estuvo Gil Wolf. Escarbando y husmeando en los rastrojos de mi propio sumo sacerdote. Y de sumo sacerdote veo a un Azteca arrojar desde la cumbre de la pirámide trunca a otro sacerdote, y erigirse a sí mismo como único Chamán. Veo un oráculo flagelándose por haber planteado enigmas sencillos; y sigo andando por ese particular TodO como momentos antes por el Parque Central, liberado a mi antojo; y me encuentro con la Quimera y el espanto me tuerce la vista hacia un televisor de pantalla combada — escarbadientes en el encendido roto—.

Catódicos haces atraviesan el oscilante campo de banditas electromagnéticas para configurar rostros distorsionados en franjas horizontales; una seca bofetada en la carcasa estabiliza la imagen y aparece Adelina en un callejón de calvas lomas y siluetas sin nombres.

En su rostro la invitación a un excursus por nuestra historia última; atravieso las celdillas de la pantalla para incorporarme a su dimensión; y todo eso es posible porque tODo es posible mientras mi lengua, primer motor universal, sigue excitando las vibrátiles cuerditas en la ranura de Pía.

Humberto Bas. Jaguaracamygta (Misiones-Paraguay).

Reside en la Patagonia, Argentina.

Publicaciones Individuales:

La Culeada y Otros Cruentos, Barcoborracho, Bs. As. 2008. Adaptado al Teatro por Grisel Nicolau.

Palí o el Extravío del Instinto Maternal (relato), Barcoborracho, Bs. As. 2008

El Superpalo (novela), El Fracaso, Neuquén, 2010.

Varoncitos (cuentos) Con doble Z, Neuquén, 2014.

El Sr. Ug… (novela), Entropía, Bs. As, 2015.

Gil Wolf (novela), AIK Ediciones, Neuquén, 2019

Publicaciones Colectivas:

Putus Versus (relato), Antología de futbol Punta Karaja, (Asunción, Py), 2010.

Ficción: Antología de escrituras latinoamericana. Revista Vice (Mx). 2017

Mar Fantasma: veintidós cuentistas contemporáneos de Bolivia y Paraguay. Arandura (Py)/Kipus (Bo). 2018.

Paraguay Cuenta: Cinco siglos en cuarenta ficciones. Editorial Y (Asunción, Py) 2019.

Gracias a Humberto por la generosidad y sumarse a esta propuesta. 

2 opiniones en “Zona de colaboraciones: fragmento de “Gil Wolf”, de Humberto Bas”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.