La otra voz

—Buen día.

—Hola, ¿cómo anda?

—Bien, ¿usted?

—También. ¿Qué hace por acá?

—¿Cómo qué hago?, ¿No me llamó?

—No que yo recuerde.

—Ah, encima me trata de impertinente.

—Mire, la verdad, no recuerdo si lo llamé, pero cuénteme, cómo anda.

—Y vio cómo es esto.

—No. No vi. (Y el señor de al lado tampoco, le aclaro).

—No sea cruel, por favor.

—¿Qué opina de estas fechas?

—Y eso?

—Ya que vino, le pregunto, como para entablar un diálogo.

—Entablar. Déjese de joder. ¿Por qué lo dice?

—¿No le parece que son ideales para el corchazo?

—No sea así. Muchas personas aprovechan para reunirse, sobre todo si están lejos.

—No sé, hay mucha hipocresía de por medio.

—Cómo está hoy, ¿eh? Ahora entiendo por qué me llamó.

—Disculpe, pero yo no lo llamé, usted apareció.

—No me venga con esas sutilezas. Pero volviendo al tema ¿Qué le molesta de estas fechas?

—Digo yo, ¿por qué no me tutea?; ¿Cuánto hace que me conoce?

—Desde siempre, supongo.

—¿Y entonces?

—Oiga, ¿mire que está quisquilloso, eh?

—Perdone, debe ser la edad.

—Es cierto, la intolerancia crece con los años.

—Epa. No se pase…

—Deje la ofensa para otro momento. ¿En qué estábamos?

—En eso, de estas fechas.

—Para los feligreses es la reafirmación de sus creencias, un sentido de vida que se renueva año a año. Y para los escépticos —donde lo incluyo— la excusa para juntarse con sus afectos.

—¿Le parece? —el tipo de al lado me mira, como si estuviese loco.

—Absolutamente. Y déjese llevar por el espíritu festivo, a lo mejor cambia esa cara. Sabe que tengo razón.

—Disiento, demasiadas frases de ocasión, un vacío que espanta. A lo mejor lo mío es una pose, no sé.

—Ya lo dijo el filósofo…

—No me diga que usted también leyó a Sócrates.

—No se haga el gracioso conmigo.

— No ése era otro. Y de gracioso, no tenía nada. Nefasto, le diré.

—Coincidimos en algo, por fin.

—¿Qué hace?, ¿Ya se va?

—Y sí. Se está haciendo tarde. Además, usted no me llamó.

—Sí. Ya sé. Solo apareció, como hace siempre. Espero que regrese.

—No le quepa la menor duda. Cuídese. Y use barbijo.

—Le iba a decir que usted también…

—No sea irónico, quiere.

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