—Hola, mi amor. Estoy recagado de hambre.
No supe qué contestarle.
—Me llamo Denis. —Voz de piba.
—Horacio.
—Te iba a pedir algo para comer, gracias —y guarda el dinero.
Entrechocamos puños. Me obsequia una sonrisa y se va.
Pasa por delante del vehículo para charlar con unos albañiles en una obra.
Lo vi levantar una piedrita del suelo. Ese gesto. Ahí percibí su flacura imposible. No llevaba medias y apoyaba sus talones sobre en los bordes aplastados de sus zapatillas.
Me lo crucé de nuevo por la tarde, en otro semáforo. «Me hice un rodete, ¿Ves?»
Continuar leyendo «Diario del desastre II»



