El mate recién hecho, el silencio de un domingo. Refugiarse, como si fuera posible.
Uno de mis gatos, la fruición al tomar agua, le va la vida ahí.
«¿Estás escribiendo algo?».
«Nada».
Lecturas. Fundación de pueblos en el sur, refugios de maleantes, hombres y mujeres golpeados por la vida y marginados, entre amigos del poder que usurpaban tierras de indios. Temas que rozan dos narrativas de por acá que leí en los últimos días, recomendables. (1 y 2).
—Te iba a pedir algo para comer, gracias —y guarda el dinero.
Entrechocamos puños. Me obsequia una sonrisa y se va.
Pasa por delante del vehículo para charlar con unos albañiles en una obra.
Lo vi levantar una piedrita del suelo. Ese gesto. Ahí percibí su flacura imposible. No llevaba medias y apoyaba sus talones sobre en los bordes aplastados de sus zapatillas.
Me lo crucé de nuevo por la tarde, en otro semáforo. «Me hice un rodete, ¿Ves?»
Apuntes en un diario, porque en alguna página hay que derramarse.
Esta cita de «Carol», novela pendiente, una deuda que saldo.
El capitalismo y su alienación. Al inicio del libro, la joven protagonista reflexiona sobre la vida de una compañera de trabajo de unos cincuenta años, espejo de lo que puede ser la suya.
«Therese abrió la boca para hablar, pero su mente estaba demasiado lejos. Su mente estaba en un punto muy distante, en un lejano torbellino que se abría al escenario de la terrible habitación, tenuemente iluminada, donde las dos parecían resistir en una lucha denodada. Y en aquel punto de la vorágine en que se hallaba su mente la desesperanza era lo que más la aterraba. Era la desesperanza del dolorido cuerpo de la señora Robichek, de su fealdad, de su trabajo en los almacenes, de la pila de vestidos del baúl, la desesperanza que impregnaba completamente el final de su vida».
La subrayo y copio.«Y la desesperanza que había en la propia Therese de no llegar a ser nunca la persona que quería ser ni hacer las cosas que quería hacer. ¿Acaso toda su vida había sido sólo un sueño y aquello era la realidad? Era el terror de aquella desesperanza lo que la hizo desear quitarse el vestido y huir antes de que fuera demasiado tarde, antes de que las cadenas cayeran sobre ella y se cerraran».