El mate recién hecho, el silencio de un domingo. Refugiarse, como si fuera posible.
Uno de mis gatos, la fruición al tomar agua, le va la vida ahí.
«¿Estás escribiendo algo?».
«Nada».
Lecturas. Fundación de pueblos en el sur, refugios de maleantes, hombres y mujeres golpeados por la vida y marginados, entre amigos del poder que usurpaban tierras de indios. Temas que rozan dos narrativas de por acá que leí en los últimos días, recomendables. (1 y 2).
Últimamente, las lecturas van por los deseos. Pulsiones de vida, resistencias posibles —pienso en otra palabra menos bastardeada que todavía no se arrima— contra las pulsiones de muerte que impulsan una desintegración social.
Estrategias y pequeños deseos. Contra lo ordinario.
Contra lo ordinario
Nadie ha podido demostrar hasta ahora de manera fehaciente que los pequeños deseos son más fáciles de conseguir que los grandes. Solo se ha podido demostrar de manera fehaciente que son más numerosos.
El poema es de Cristina Peri Rossi, en «Estrategias del deseo», edición digital.
ESTRATEGIAS DEL DESEO
Las palabras no pueden decir la verdad
la verdad no es decible
la verdad no es lenguaje hablado
la verdad no es un dicho
la verdad no es un relato
en el diván del psicoanalista
o en las páginas de un libro,
Considera, pues, todo lo que hemos hablado tú y yo
en noches en vela
en apasionadas tardes de café
London, Astoria, Arlequín—
solo como seducción…
en el mismo lugar que las medias negras
y el liguero de encaje:
estrategias del deseo.