Huir hacia adelante

Llegué anoche, tarde, gracias a la gauchada de un baqueano. Una casa a oscuras pero con electricidad y en forma de ele, frente a un gran caldén y un bebedero para vacas.
Abrir la puerta fue encontrarme con un olor conocido. Supuse que en algún lugar habría leños que descansaban en un cajón, custodios de una estufa de hierro. En una de las paredes hay un almanaque viejo de Molina Campos, no podía ser de otra manera. Un centro de mesa con un posa pava de hilo. Le faltan algunos nudos.

El comedor daba lugar a dos habitaciones y un baño enorme. Me instalé en la de huéspedes, por la cama de una plaza. Instalar es una forma de decir, tiré el bolso y regresé a la sala principal.
Sin televisión. Una radio de onda corta con voces en italiano y una casa vacía sumergida en un poso de melancolía. Todavía me pregunto por qué me dejaste esta propiedad, aunque aventuro que influyó mi manía de escuchar tus historias, el hipnotismo de tu voz que se fue callando cuando se apagó la abuela.
Me fui a dormir entre el rumor del campo y una sensación de tregua con el mundo. Y apareció tu rostro, era evidente, si estaba huyendo hacia adelante como alguna vez me reprochaste. Cabello ¿azulado? a la altura de los hombros. Me despertó la memoria de un beso, el hoyuelo en la comisura cuando movías los labios, estocadas traperas que aparecían como destellos entre el follaje de los árboles. Los nuestros, no estos.
Con el alba a mis espaldas, recorro otra vez la casa. Resuenan mis pasos y el perro que raspa la puerta. Nunca me gustaron, pero le abro y me mira de una forma que es imposible resistirse. Por suerte la garrafa tiene gas. El aroma del café dice buen día y una brisa sofocante entra por la ventana, parece que hará calor.
¿Qué hago aquí?  Quizás es el lugar ideal para terminar la novela. O no. Pero debía irme de nuestras calles, pasar página. El amor y sus desatinos.
Enciendo la computadora y dejo correr la música.
La hoja en blanco, el cursor que parpadea mientras abro mi libreta negra y garabateo las primeras frases, con lapicera y a mano, para sentir el pulso de la escritura, esperar las palabras, dejarlas llegar. Nota al pie: concentrarme en un trazo legible que luego pueda reinterpretar; qué mejor definición del oficio.
La tentación de teclear tu nombre. Me encantaría que estuvieras aquí. Pero no estás.
Entonces escribo.

 

8 opiniones en “Huir hacia adelante”

  1. Me recordaste a Kerouac, más precisamente a cómo encaraba sus textos, descripción exterior con traducción interna y a escribir para encontrar ese texto oculto en la motivación (que algunos llaman inspiración)…

    Abrazo, Horacio.

  2. Hola Horacio! Interesante texto sobre la labor de la escritura, la existencia y la inspiración.
    Ya te agrego entre los blogs que sigo, y me dispongo a recorrer el tuyo

    Abrazo!

  3. Buscar la inspiración, dónde mejor que lejos de los ruidos, en soledad, por supuesto. Ocurre que sin embargo, en esas circunstancias, el recuerdo de alguien que amas llama a la memoria y otros menesteres quedan un poco pospuestos

    Me ha gustado el ritmo. Un buen texto.Un abrazo y feliz noche

  4. Tus descripciones me hacen viajar. Admiro tu capacidad de describir los espacios y las emociones.
    Y me gustan mucho tus textos sobre la labor, el arte, el oficio o el deber (depende) de escribir.
    En este texto, además, la sutileza con que "cuelas" una historia que determina tu ánimo frente al teclado y al cuaderno.
    Ya sabes, me encanta leerte.

    Un beso grande

  5. Ah, olvidaba algo.

    Las huidas hacia adelante suelen ser en realidad huidas de nosotros mismos, intentando obviar que nos acompañamos a donde quiera que vayamos.

    Otro beso

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.